Cómo convertí mi hobbie en un emprendimiento a los 70 años

Estoy a menos de un mes de cumplir 71 años. Como a cualquiera a esta edad, la vida me ha dado penas y alegrías, diría que más de las primeras que de las segundas, pero no sé si será por genética o porque no me podía dar el lujo de rendirme, el caso es que siempre me las he arreglado para capear el temporal.

No me considero una empresaria, he sido empleada, aunque mayormente he trabajado independiente, estableciendo pequeños negocios en el que he invertido poco dinero  y muchísimo esfuerzo, siempre he vivido de mi trabajo pero no me he hecho millonaria, ni siquiera medianamente rica, sin embargo dos amigas, creen que mis experiencias, puede que sirvan de inspiración a otras personas, mayores y me han  pedido que escriba algo que inspire a quienes están”en edad de merecer» para que después de la jubilación no se resignen a sentarse en una mecedora viendo la vida pasar desde la ventana, si no a ser parte de esta hasta que llegue la hora de irse.

Con todo lo que me ha sucedido en los dos últimos años, tuve la certeza de que eso que dicen: “ “cuando una puerta se cierra otra se abre” tiene mucho de verdad, así que les contaré la historia de lo último que hice sin detenerme a pensar  en que ya estaba “demasiado vieja para la gracia”.

Entremos en materia: en el año 2008 comencé a fabricar jabón de tocador en forma artesanal, debido a que mi nieta presentó síntomas de desarrollo precoz  y por recomendación médica no podía usar ningún producto de aseo personal que contuviera parabenos entre sus ingredientes, ya que este es un conservante químico afecta el sistema endocrino del organismo; en ese momento nunca había oído o leído acerca de este elemento, tuve que estudiar y aprender sobre el tema, el caso es que  el médico recomendó bañarle cuerpo y cabello a la niña con el llamado ‘jabón de tierra’ que usaban nuestras abuelas. Este jabón está hecho de grasas anímales, agua y un medio alcalino. Es bastante abrasivo; en su fabricación no se utilizan conservantes ni químicos adicionales pero dejaba le dejaba su piel muy áspera y el cabello totalmente enredado sin que le pudiera entrar el peine, en fin que el bañarla y peinarla para ir al colegio diariamente se convirtió en una batalla matutina.

Mi hija me comentó sobre el problema, entonces recordé que cuando niña mi abuelita me regaló un libro de cosmética natural en el cual se enseñaba a fabricar jabón de tocador con aceites vegetales, y también como preparar cremas y champú. Me di a la tarea de investigar sobre elaboración de jabón artesanal de tocador, cremas y champús; se conseguía muy poca la información en internet en esa época, tampoco había en Bogotá personas conocedoras que pudieran enseñarme, así que compré algunos libros en USA, y empecé por mi cuenta y riesgo a fabricar mis jabones.  El primero que hice de aloe vera y aceite de oliva lo dañé, no leí que los moldes tienen que ser en madera, plástico o acero inoxidable, y el molde que utilicé fue uno de hornear pan, totalmente metálico, de hojalata, por supuesto cuando le vertí la mezcla, aquello empezó a hervir y a derramarse por los bordes, fracaso total! Bueno este error me enseñó que todos los utensilios a utilizar deben ser hechos en los materiales anteriormente descritos y también, para no perder tiempo y dinero, las primeras recetas, que eran ensayo, solo elaborar 500 gramos no 2000, como con el primer experimento, en el que perdí dos litros de aceite de oliva y medio kilo de aceite de coco, estos dos ingredientes bastante costosos… pues «esa platica se perdió”.

Me consoló que Thomas Edinson hizo mil intentos antes de que le funcionara la primera bombilla y si tan ilustre científico e inventor no se dio por vencido, quien era yo para rendirme  ante algo tan sencillo al primero, segundo o tercer intento? Por aquello que algunos denominan terquedad y yo perseverancia, experimenté y volví a experimentar hasta “dar en el clavo” con lo que estaba buscando, repetí el experimento  y me salió muy blando, el resultado era como puré de papas con demasiada leche, sin embargo la calidad era buena, mi hija me dijo que parecía crema, limpiadora que hacía espuma, así que ahora debía reajustar la fórmula, para endurecerlo y poder cortarlo en pastillas. El proceso no fue fácil, en cuanto a beneficios sobre la piel era el jabón era excelente pero la presentación desastrosa, ensayé repetidas veces, con diferentes cantidades de ingredientes y aceites, transcurridos unos cuatro meses pude fabricar una pastilla de jabón que mereciera ese nombre.

Antes de que mi hija consiguiera en el comercio cremas y champú sin parabenos, había perfeccionado una fórmula de champú de aceite de coco y otra de crema de caléndula, elaborando solo una pequeña cantidad porque las fórmulas que llevan agua entre sus ingredientes necesitan este químico , para evitar que el cosmético en cuestión se llene de hongos y bacterias y a menos que experimentara con mezclas anhidras (sin agua) obligatoriamente tenía que utilizarlos puesto que el agua es caldo de cultivo para estos microorganismos.  Por lo tanto me concentré en fabricar  solamente el jabón, hacía de leche de coco, de leche de almendras de leche de cabra de manzanilla y de cuanta hierba aromática podía conseguir, pero mis jabones estrella fueron los de café, chocolate y leche de buffala A propósito del tema, la industria cosmética está imponiendo la tendencia de los cosméticos «water less», seguro para evitar lo más posible el uso de elementos químicos indeseables.

Paralelamente a esta situación, mi esposo se estaba recuperando de cáncer así que mis salidas eran a hacer mercado y acompañarlo al hospital o al médico. La cruel realidad de descubrir que un ser querido está enfermo y posiblemente en peligro de muerte hizo que esto de fabricar jabón me abriera una puerta a un mundo que yo desconocía; hasta ese momento, la conservación del medio ambiente o que el agua se pudiera acabar en el planeta, no era mi problema, por instinto me alimentaba sanamente pero no me preocupaba mucho el tema. Esas dos circunstancias, la enfermedad de mi esposo y de mi nieta, me hicieron entender que tanto lo que comemos como lo que aplicamos sobre la piel puede beneficiarnos o enfermarnos. Hoy tengo una actitud totalmente conservacionista, no sólo nuestra salud, también los recursos naturales están en riesgo extremo por el uso no controlado de productos químicos que afectan a ríos, mares y a toda la naturaleza. O mejoramos los hábitos de consumo o triste será el futuro de nuestros descendientes.

Bueno… pasó el tiempo, me volví experta, me apasiona el oficio, me sentía orgullosa obsequiando algo hecho con mis manos en fechas especiales, cumpleaños o navidad a amigos y familiares; sin quererlo, comencé a reunir un grupo de personas interesadas en comprar mis jabones, quienes debían esperar la próxima fecha festiva para recibirlo; muchas veces se les acababan y me llamaban a pedirme que les vendiera pero yo solo lo hacía por diversión, era un hobby, los fabricaba por placer no por obligación, por lo que el interesado(a) esperaba con paciencia que elaborara la referencia que deseaba.  Por muchos años regalé mi jabón, el pasatiempo se convirtió en una actividad costosa; al pagar las cuentas mensuales de nuestros gastos, mi esposo revisaba las facturas de la materia prima que yo compraba y bromeaba diciéndome que mejor hiciera figuritas de origami para entretenerme, porque la cartulina es mucho más barata que los aceites, sobre todo los de oliva y coco y preguntaba cuando iba a empezar a cobrar.

En Abril del 2018 le regalé algunos  jabones a un amigo y a su esposa le gustaron muchísimo, entonces él me propuso comercializarlos.  Organizamos la distribución y venta de todos los que  yo tenía  hechos, los empacamos muy bonitos y vendimos como regalo en el día de la madre de ese año, no me quedó ni uno! esto nos entusiasmó y decidimos participar en varias ferias de productos naturales. El  negocio pintaba muy bien cuando nuevamente el dolor  cuya cuota que me correspondía en la vida, pensaba ya había completado, tocó de nuevo a mi puerta, mi esposo quien era el pilar en el que me apoyaba falleció de repente.

Bueno, la historia es muy larga. Continúo la próxima semana…

Escrito por:
Mayra Gonzalez

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